SOMOS CANCIONES (encuentro con Miguel Pérez. La Gomera, 24 de abril de 2018)

“Escuchar, el verbo que intento dibujar en los corazones de mis alumnos”.

“No hay mayor verdad que la mentira del arte”.

“Más que escribir mi música, lo que pretendo cada vez con más ansias es escribir mi verdad”.

“El día que tenga que explicar mi música lo habré perdido todo”.

“El alma no debe venderse nunca, ni por trámite actual ni por necesidad imperiosa. Hay que salirse por la tangente, o el poeta acabará perdido en sangres con su corazón en manos de otros”.

NUBES

En mi primer día de clase les expliqué que todos los lugares eran iguales en realidad, que lo único que diferenciaba a unos y a otros eran las nubes, que eran distintas en cada sitio. Poco después se fueron de viaje por Europa, y a su regreso les pedí que me contaran alguna anécdota. Entre risas intercambiaban los cotilleos en voz baja sobre los besos que se habían dado a escondidas, los lugares y las horas en los que habían ocurrido, hasta que una valiente de la última fila de la clase levanta la mano dispuesta a contar algo y se hace el silencio. Me dijo que en realidad ella no tenía demasiado que contar, pero que en cada sitio que estuvieron se acordaron de lo que les dije acerca de las nubes el primer día, y se dedicaron a observarlas con detenimiento en cada sitio. Me aseguraron que no estaba equivocado, que las nubes en cada sitio son diferentes. Una lágrima se deslizó por mi alma.

UN CORAZÓN A ESCALA

Por el cuerpo rabioso de Estefanía se desliza una gota de lluvia. El cuerpo de Estefanía se cristaliza en sonidos de piano y cambia el matiz del color de su piel levemente, se desliza desnudo y azul por un jardín desconocido, el jardín desconocido y húmedo del otoño en el cuerpo de Estefanía, gotas de lluvia entre las que brilla una única lágrima que se desliza de nuevo dentro de su cuerpo, y se detiene otra vez y dibuja con sangre un corazón a escala siete veces en su propio corazón, un mapa conceptual que penetrando lentamente empapado de deseos rojos y lluvia interior azul, como un cuchillo de papel, buscando amorosamente una canción empapada y furiosa en inglés, que evoque el color naranja en mitad del sexo difuminada en claroscuros.

MÉTODO

Sentada entre Mario y el piano, las lágrimas que caían de los ojos de Gladys sobre las teclas iban decidiendo el orden exacto de los sonidos en las melodías que Mario apuntaba en su libreta, el cuaderno pautado donde Mario anotaba el sonido de la silueta de Gladys.

SANGRIA FRANCESA (FINAL)

La luz se deshizo en pequeños cristalillos azules que caían de no se sabe muy bien dónde. La humanidad fue desarrollándose volviendo hasta la más cruda de las estupideces, desapareciendo sin dejar ni una sola estela de aquella luz azul, donde todo comenzó alguna vez, o acaso el humo azul de un cigarrillo sujetado por los húmedos y ansiosos labios de alguna mujer hermosa, atrapada por el deseo.

SONABA LA LUNA (FINAL)

La orquesta cada vez se hizo más insoportable, nadie quería ya ensayar nada. La orilla, el cielo, el sonido de las olas del mar… eran elementos ya poco poéticos para aquella orquesta, aquellos músicos atrapados en el sonido, en el tiempo, la moneda de cambio. Los músicos de la orquesta comenzaron a comerse unos a otros, las tablas que sostenían el chiringuito fueron destruidas por los fuertes vientos que azotaban por aquellos años. Ya no suenan las olas, me decía Fali. Ya no suena la luna, le decía yo.

INFORTUNIOS (FINAL)

Se reunían las tres en los bancos del centro del centro todas las tardes y hablaban de física o botánica pero generalmente todos los temas desembocaban en el amor. Era mucho amor el que las tres jóvenes podían desmenuzar para el entretenimiento de la una de la otra. Lydia hablaba de una amiga del otro lado del charco Verónica de una compañera de la facultad y la joven Olivia del oporto en vasos de plástico. Todas hablaban de la misma.

TODO ESTO QUE VUELA

Que mi corazón
quisiera salir
de mi pecho
enloquecido
en busca de la su lengua,
cruzar de todos los océanos uno
para morder la su boca roja
una y otra vez,
para morderle el alma sin permiso
para morder mi alma sin orden
mezclarnos como en un juego de cartas
para de la su mirada serena
provocar el brillo de mis ojos
que ya delata
todo esto que fluye
todo esto que vuela
por mis venas
estos sonidos de piano de mi alma
con los que te estoy haciendo
un vestido nuevo
muy corto,
pero muy sincero.

OCÉANO IMPROVISADO

Crecerá la música
como un océano improvisado
como en el centro del centro
la silueta de un misterio
ilumina tu mirada cada noche
dejándose caer por tus pechos
dejándose suicidar desde un piano
que encuentra ya las palabras
que en mi boca se convierten
en besos al contacto con la tuya.

ALLÍ EN EL CORAZÓN DE EVA

De cómo Eva se
Devora un piano poco a poco
A sorbos de una Coca Cola ecológica
Tecla a tecla, sonido a sonido
De cómo le chorrea el líquido por la comisura de los labios
Mientras se balancea en un columpio asesino
Que Eva se chorrea de felicidad y entusiasmo
Y ríe a gritos en blanco y negro
Risas grises y nostálgicas de
Fotografías amarillentas de
Un piano que ya no es un piano jamás
De en la mesa de detrás de
Michael Nyman
Comiendo cebollas gratinadas
Buscando el llanto
Buscando un alivio un
Sentimiento real
Que a Eva le basta
Esbozar con su lengua
Que va hasta la mesa de Nyman
Y le presta unos planos unos besos
Porque la cobertura de Google Map
Allí es inexistente
Allí en el corazón de Eva
Donde todo palpita de un modo real
Donde el brillo de los ojos de Eva
Se traduce en una respiración profunda
Que conduce al corazón de Nyman
A enamorarse perdidamente de Eva
De la su ira
De la sus miedos
De la sus risas sobre el amor
Perdido
Sobre el amor sincero
Del amor que Nyman
Lleva escribiendo toda la vida
Y que por supuesto,
No conoce en absoluto.

ESE MOMENTO DE MARIO

El cielo iba desapareciendo, iba tragándose el azul para convertirse en unas pequeñas lucecitas misteriosas que también desaparecerían con el humo azul de Mario. Mario que expulsaba por última vez el humo azul en aquella isla, dejándose atravesar por las notas de Bill Evans que escapaban de una vieja radio, mientras el tiempo mordía a Mario, mientras Mario mordía la última chusta de la noche con cierto desprecio mirando al mar que ya era sólo reconocible por las intermitencias de la farola, que junto al aroma salino de aquella noche hicieron escapar unas lentas lágrimas a Mario, quizá por nostalgia, quizá porque las intermitencias de la farola eran una invención en ese momento de Mario, porque farola sólo hay una, y porque más quisiera Mario quedarse ciego con las aquellas intermitencias que de vez en cuando, seguía echando cada vez más de menos…

EL CUARTO BAÑO (FRAGMENTO)

Me fui a la fiesta de los verdiales esa que hacen todos los años en las playas de la malagueta. Nada en un chiringuito que me atraganté con las espinitas de un boquerón asesino. No sé Antonia me estaba yo allí contento meneándome como podía al son de los verdiales al son de las panderetas tocando a la par de la música con el tenedor en el plato de boquerones mientras cuando una espina me sorprendió. Al principio me la intenté quitar sin hacer mucho caso a buches desesperados de sangría de uvas y pera riendo todavía pero nada aquello no había quién pudiera. Total que claro ya me invadió la preocupación y ya ni verdiales ni nada se lo dije al chaval del plato de calamares que tenía yo al lado que tocaba el violín en la agrupación que rápido cortó la música me improvisaron una ambulancia humana y me llevaron al clínico. Nada me sacaron la espina con una pinza muy larga y nada  allí  mismo  que  comenzaron  la fiesta otra vez y a tocar verdiales al aplauso de los demás enfermos los enfermeros y todo el mundo allí al son de la música al son del revoloteo del niño que por los aires con la bandera  de  un  lado  para otro como esquizofrénico pero muy bien medido poniéndolo todo perdido de pétalos de flores pidiendo calamares. Con lo que me improvisaron un trono humano y claro pues allí en la playa como si nada hasta las dos de la mañana. Total que me encontré con una chiquilla muy rubia así muy graciosa que me había leído todos los artículos aquellos que había yo publicado en el periódico hace ya  años y claro pido otra sangría al niño de los calamares para bebérmela allí con ella. Que de entre un murmullo de la agrupación como decidiendo la pieza a interpretar que empieza el niño del violín a sonar como avisando en plan chicharra de lo que viene. Antonia por Dios. Total que empieza a serpentear la pandereta y a golpear el asunto cuando de entre el difícil pronunciar para mí del aquel hombre del campo que adivino de entre la letra unos rubitos cabellos cuando le acaricio los caracoles aquellos tan maravillosos tan amarillos a la criatura y la criatura se me ruboriza con la sangría atragantada. Que me viene el novio muy alterado muy moreno con las tetas al aire me pega una especie de empujón muy en plan macho y se la lleva al espigón a cantarle el  verdial  íntimamente  allí solos a la luz de las olas ya por la noche que al son ya de las mismísimas estrellas iluminaba la nuestra farola y se me escapó una lágrima.

Siroco-3

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